Ni el cochino a fin de año.

Posted on 09/01/2012

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Dadmelis A. Solórzano

@Dadsolorzano

Y así empieza un nuevo año lleno de inseguridad, reyertas en las calles de Caracas, la misma violencia, no, no, mejor coloquemos estas particulares características en una sola palabra, así como “anarquía”, si anarquía es la palabra, un año más en el que no se pueden levantar las copas para celebrar que estamos vivos porque nos lo merecemos, sino que lo estamos de milagro y tenemos lo que tenemos porque lo escondemos, porque de mostrarlo, exhibirlo un segundo, lo perderíamos. Digo.

Estaba el 30 de diciembre en el Centro Comercial Pro-patria con dos miembros de mi familia almorzando. Era un restaurant muy colorido, atendido por, -lo que se ve a simple vista-, muy buenas personas. Fuimos recibidos por la dueña quien nos invitó a sentarnos en una de las mesas más cercanas al buffet. ¡Qué aroma tan divina la que expelían los espaguetis al pesto mientras uno de los cocineros, -por cierto muy guapo-, rociaba sobre ellas el queso pecorino! Todo lo que hacían en la cocina era posible visualizarlos desde nuestra mesa. Qué experiencia.

A dos mesas de distancias estaban un grupo de policías, -la Nacional Bolivariana para ser más exacta-. Eran cinco de ellos más una mujer policía. Estaban esperando que les trajeran su comida mientras charlaban. Sé, por lo que pasó después, que la habían pedido para llevar. ¿Enhorabuena? Veamos. No me molestó en lo absoluto que ellos estuviesen allí porque, muy a pesar de ser calificados por mi persona como unos “buenos para nada”, ellos también tienen derecho a comer y tener sus momentos para compartir entre colegas, no sé, supongo, asumo, pero me sigue y me seguirá dando igual.

Resulta que la dueña del local se acerca y me pregunta qué quisiera comer, le digo que me sirva, por favor, un plato de espagueti y de contorno dos cucharadas de ensalada rayada. Con una sonrisa en la cara me responde: “buena elección”, pregunta a mis acompañantes y ellos aciertan queriendo lo mismo que yo. La Sra. Se ríe y dice: “¡Te siguen!”. En ese preciso instante que ella está interactuando con nosotros me percato que el cochino donde guardan el aguinaldo, la propina de fin de año, o como lo quieran llamar, estaba bien vestido, era bien vistoso, me encantó, entonces le dije a la Sra. Qué era el cerdito mejor vestido que había visto en lo que quedaba del mes de diciembre, del año. Ella le ve y dice: “Es que ha recibido mucho dinero, hemos querido tenerlo bonito para que reciba más”. Cuando dijo esto dos jovencitos salieron de la nada y se llevaron el cochino corriendo como llevados por el diablo. ¿Los policías? “Bien, gracias. ¿Me traería por favor una ración más de chicharrón para llevar? ¡OH, wait!”

 

Policías y cochinos.

Parece un título sustraído de unos de los párrafos del guión de “Cerdos y diamantes”, pero no lo es. Hola gente de la Policía Nacional Bolivariana, saludos al director de este ente adscrito al Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia, ajá, el que lleva Tareck El Aissami, feliz año y si no es feliz hagan lo posible por, al menos, tratar de brindarles parte de esa felicidad de la que se la pasa hablando el presidente Hugo Chávez todo el tiempo. ¡HEY! Felicidad para los ciudadanos es sinónimo de seguridad, tomen eso en cuenta.

Como está sobreentendido, muy a pesar de ver un robo frente a sus ojos, esos policías que arriba les cuento fueron incapaces de levantarse de sus sillas para ir a buscar a los fugitivos del cerdo, literalmente, alegando que estaban en hora de almuerzo, no en servicio. ¿Pero qué clase de respuesta es esa? Se levantaron, pero para recibir su comida y marcharse.

Eso me olió a un montón de muchachos que no están para nada comprometidos con el bienestar de sus habitantes, saquen sus conclusiones. Chao.

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