Sonrisa sin retraso alguno.

Posted on 21/10/2011

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Dadmelis A. Solórzano

@Dadsolorzano

 

 

Eran las 7:30 a.m. cuando salí de mi casa rumbo a la estación del metro Propatria. Serían las 7:36 cuando compré el ticket para ingresar al andén y dijeron, a viva voz, que por motivo de una falla en la vía los trenes estaban saliendo con “Fuerte retraso”, cuando en el anuncia colocan la palabra “fuerte” es porque así es.

¡Qué vaina tan fatigante!… Por lo menos dos o tres veces a la semana la misma porquería, por no decir otra cosa: alucinar con el gentío es lo que queda, con el túnel cuando te quedas varada, con la bicicleta que quieres para transportarte y no tienes, incluso con el café de la Sra. María que te está esperando en la oficina para ser absorbido por un trozo de pan dulce o algo parecido. ¡Dios, qué terribles mis alucinaciones! O si vas con sueño, o no desayunaste y te da un desmayo, y sigues varada o varado en el puto túnel, por Dios, ¿Hasta cuándo?

Bueno si. Pasarían al menos 78 minutos para que comenzara a sentir el temblor, literal, en mis piernas. Me dio como una clase de ataque de nervios porque la operadora dijo, al menos 8 veces, que no podíamos salir del túnel porque había un tren obstaculizando su paso en la siguiente estación (Colegio de Ingenieros). Imagínense estar así, escuchando la atorrante de voz de la mujer diciendo lo mismo desde allí hasta llegar a Chacaíto, que no es mucho, pero en segundos de encierre con un colectivo apabullante es terrorífico.

Entonces, pasaron como 85 minutos o un poco más cuando se baja la mitad del vagón, logro sentarme y comienzo a mandarles mensajes a una compañera de trabajo y a mi jefa. Uno de los últimos mensajes para Ericka, así se llama mi compañera, decía lo siguiente: “Marica es que no me creo que lleve casi dos horas montada en esta shit. Es algo que se cuenta y no se cree”. Me responde: “Calma, cálmate un poco”, me doy cuenta que si, efectivamente recibió ese mensaje, pero unos minutos después me percató que en realidad Ericka dijo eso para consolarme, no porque recibió ese mensaje… Si, eso mismo, se lo mandé a mi jefa sin querer. ¡Bienvenidos a mi maravilloso viernes!

Resulta que ya en Chacao visualizó a unos 10 metros de distancia a un hombre con traje acompañado de un joven con los cabellos rizados y camisa blanca. Me olvido del mensaje errante y le observo, le observo porque sabía lo conocía de algún lado, y era alguien importante para denunciar cualquier tipo de hecho que afecte la calidad de vida del venezolano. Era Roberto León Parilli.

 

ANAUCO.

Nota mental a las 09:17 a.m.

“¡Yo a ese hombre lo conozco… ¿Pero de dónde? Si, lo conozco. Mira, mira, es León Parilli. ¿Me levanto y lo saludo, o espero a ver si se baja conmigo?!”

(Estación: Los Dos caminos)

“¡Yo me bajo aquí… Él también. OH si!”

 

Hola Roberto León Parilli, presidente de Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores (Anauco). ¿Te acuerdas de mí? Nos vimos esta mañana en el andén de la estación del Metro Los Dos Caminos. Te saludé. Me presenté como redactora de un semanario, pero creo que no te la creíste, asumo que fue por la pinta que llevaba… ¡Tranquilo, me pasa todo el tiempo! ¡Lo normal!

Normalmente la primera impresión que tienen las personas con altos cargos sobre mi persona es: “Qué mamarracha, ¿y esos zapatos?”, son Converse, pero siento que contigo no fue así. Me sorprendió mucho que me sonreíste cuando te saludé, creo que era la primera vez que te veía sonreír fuera de la luz extrapolada de las cámaras, te dije que iba a llegar tarde al trabajo por culpa del retraso del metro y me dijiste: “¡Qué broma, chica!”. Nos montamos en las escaleras mecánicas y estabas a mis espaldas, hasta que llegamos arriba y me despedí de ti. Me pediste que le diera tus saludos a esta gente por acá y nos separamos en direcciones opuestas para salir de la estación.

Ya lo hice, cumplí con dejarle tus saludos a este montón de mujeres que trabajan conmigo en la redacción, ahora yo quiero que tú hagas algo por mí. Me urge.

Te cuento que hace unos días pedí una reestructuración en mi horario para llegar unos minutos después de la hora habitual con la condición, puesta por mis superiores, de irme más tarde. Ambas partes aceptamos, pero resulta que a pesar de eso, quedó demostrado hoy, que aunque se hagan cambios en mi horario el Metro de Caracas va a seguir siendo una porquería por no decir mierda… ¡OH no, lo dije!

No sé en cuál estación te montaste, estaba tan concentrada imaginándome montada en una bicicleta para llegar al trabajo, -con la mejor actitud del mundo-, que se me pasó por completo el momento. Espero que por algunos minutos sintieras el desespero que sentí durante las casi dos horas que estuve montada en ese vagón para llegar a mi puesto de trabajo, al menos que los sintieras unos minutos.

La situación del metro es agotadora, no sé si ya lo haz denunciado, tampoco sé si estabas allí para comprobar el mal estado del servicio, pero lo que es una realidad para mi y muchos de los usuarios del metro es que estamos cansados, agotados de los retrasos que nos llevan directo a las oficinas de nuestros jefes para firmar un memorándum por llegar,  -por 2da. vez en el mes-, tarde a tu puesto de trabajo por “los supuestos retrasos del Metro”, si, supuesto, porque recuerda que para una persona bien posicionada el conocimiento del transporte público es: o muy bajo, o nulo. El usuario que usa el metro de Caracas diariamente carece de calidad de vida, te lo digo con voz propia, vivir estresado y con el temor de perder el empleo, como ha de pasarle a muchos por las llegadas tarde: No es calidad de vida, por lo que entonces te pido que por favor denuncies el mal servicio del principal medio de transporte del caraqueño. Te mando el abrazo que te quise dar esta mañana, pero no pude porque estaba apurada. Chao.

 

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Posted in: Intensi-Dad